un film documentaire réalisé par Vonnick Ribéraud
En la época en que se creó el mimo del cuerpo, los reformadores del teatro habían hecho una observación: el cuerpo era un gran olvidado. Sólo el texto era importante y el actor estaba a su servicio. Es en este contexto que nació el mimo corporal.
Después de dos guerras mundiales, asistimos a un período de renovación. En el campo del teatro se cuestiona el predominio del texto y se devuelve el espacio al cuerpo ya los sentimientos.
En la línea de los reformadores del teatro, que son entre otros Vsevolod Meyerhold, Jerzy Grotowski, Gordon Craig y Jacques Copeau una parte de actores defiende un teatro que pone al actor, su cuerpo, en el centro, su dinámica creativa y la expresividad de los lugares en movimiento.
Desde principios del siglo XX, la búsqueda de nuevas formas de lenguaje escénico pasó por la búsqueda de la organicidad. Es esta capacidad de ser y precisión de movimiento lo que el actor buscará en la riqueza de la dinámica de la vida. Para ello, los actores, al igual que los bailarines, se inspiran en la naturaleza o incluso en la herencia cultural del espectáculo, como la comedia dell’arte, el teatro griego antiguo, los teatros orientales, pero también en prácticas como el yoga o el Qi Gong. Visto como la edad de oro del teatro, es a partir de estas artes escénicas y de estas técnicas orientales que se crean las condiciones para una experiencia creativa. El actor es considerado allí como un todo humano, es más libre, más autónomo, más creativo, más expresivo; en adelante ya no trabaja sobre el cuerpo y la voz sino sobre las energías. El actor dibuja hondo, siente con fuerza pero nunca en exceso; permite que las manifestaciones de los vivos entren en él para introducirlas en su juego.
Cuando hablamos de mimo, primero pensamos en pantomima y mimo Marceau. Los gestos y expresiones faciales son exagerados y la narración obvia. Entonces viene a la mente la figura del payaso o el pierrot, con el rostro cubierto de blanco, buscando despertar la risa en el espectador. Por el contrario, en el mimo corporal, el cuerpo expresa un pensamiento, el movimiento traduce una poesía y es reconocible por su técnica. Etienne Decroux ha construido una gramática de cuerpo completo que le permite introducir dramatismo y cierta estética en sus creaciones. Para crear sus piezas, se inspira mucho en la estatuaria, en los gestos cotidianos pero también en los de los trabajadores. El trabajo de la máscara neutra, que descubrió con Jacques Copeau, también lo inspiró mucho.
La máscara neutra permite al actor sacar al hombre en su esencia. Crea un vacío que nos permite acoger una presencia en el mundo. El actor siente verdaderamente dentro de sí el mundo exterior y el otro frente a él. Abandona la pretensión y los límites de sí mismo. Para Copeau, el actor debe redescubrir su espíritu infantil, esa capacidad de maravillarse y de jugar con la disponibilidad, la invención y la imaginación. De allí puede entonces surgir la espontaneidad creativa.